Durante años me dediqué a vender humo.
Mi trabajo consistía en conseguir que una fórmula muy compleja en Excel soltara el número que el cliente esperaba ver.
Y luego ponía ese número en un powerpoint multicolor y se lo pasaba a mis jefes para que lo validaran.
Yo además no tenía ni idea de qué número quería ver el cliente, así que mis jefes me lo tenían que decir.
En cierto modo debería decir que yo no vendía el humo: solo lo creaba.
Te confieso una cosa: tardé años en darme cuenta de que no tenía sentido seguir por ahí.
A día de hoy ayudo a que otras persones tomen decisiones sobre sus negocios basadas en datos.
Es más, ayudo que a entiendan si pueden tomar decisiones basadas en datos o si lo tienen que hacer a dedo (sí, no pongas caras raras, todos tomamos decisiones al tuntún).
Otra confesión: sigo sin saber qué número quiere ver el cliente.
Pero no me precupa porque trabajo de la siguiente forma.
- Te pregunto acerca de todo lo que tienes en mente sobre tu empresa, departamento, lo que sea.
- Y te pregunto sobre los datos que tienes.
- Luego te ayudo a relacionar una cosa con otra (con fórmulas de Excel o no, complejas o no, con IA o no, según el caso).
Y no hay powerpoints multicolor.
Soy de un barrio de Madrid en el que, cuando era pequeño, la gente se saludaba por la calle, porque la conocías de vista.
Ahora está lleno de Airbnbs y el inglés es la lengua habitual en los bares.
Esto me ha enseñado una cosa: el contacto humano es clave para que nuestro entorno no se desmorone. Así que esas preguntas, con sus respuestas, las tendrás de tú a tú.
Porque aunque mi barrio se haya convertido en una página de Airbnb, no quiero que una relación personal se convierta en escuchar PowerPoints.
Consistirá en escucharse entre nosotros.