En tu trabajo, en la empresa en la que trabajas, ¿cómo se toman las decisiones?
¿Son organizados, meticulosos? ¿Valoran la información que tienen disponible? ¿Valoran los riesgos, los beneficios? ¿Dan prioridades?
¿Y luego hacen un árbol de decisiones? ¿Con las consecuencias?
¿Simulan escenarios? ¿Se basan en probabilidades?
Sabes por dónde voy, ¿verdad?
Voy por aquí:
la mayoría de empresas con las que he trabajado son lo contrario de lo anterior.
Se dejan llevar, tiran adelante. Igual que yo. Igual que tú.
En tu día a día, en mi día a día, ¿qué hacemos?
Nos dejamos llevar. Por la intuición, por un feeling, por impresiones, por experiencias pasadas…
No pasa nada. Es normal. E inevitable.
Es inevitable dejarse llevar por impresiones, sin pararse a pensar en todos los detalles de una decisión, porque es la única forma de avanzar.
No puedes considerar todos los detalles si quieres progresar.
Los detalles, los números, las métricas y los datos están para situaciones que requieren detalle, que requieren perfección.
Seguro que has oído a personas que se dicen de sí mismas, como crítica, que son muy perfeccionistas.
Claro que es una crítica. No puedes ser perfeccionista todo el rato.
Pero habrá situaciones en las que debas serlo:
- Un proceso interno de la empresa va lento (dar de alta un servicio, dar acceso a varios usuarios, conseguir que varios usuarios rellenen un formulario, lo que se te ocurra). Tomas medidas, una y otra vez, pero no hay avances. Alerta.
- Tienes un presupuesto para invertir. Muy justo y te han pedido resultados. Marketing, formación, desarrollo. No es de esos presupuestos de final de año, de esos de “gástalo para que parezca que lo usamos” o “gástalo para que Hacienda cobre menos”. No, aquí te han pedido resultados. Alerta.
- Ofreces un producto nuevo a clientes frecuentes, para fidelizar, para upselling, para cross-selling, lo que tengas que hacer. Y nadie compra. Alerta.
Si en tu trabajo todas las decisiones se toman, y se deben tomar, a base de intuición, de mariposas en la barriga, de sudores fríos, de pelos de punta, de si te cae bien quien te lo propone, de si da igual cómo salgan las cosas… te doy mi enhorabuena. Estás por encima de todo y te admiro.
No tengo nada para ti.
Tengo algo para ti si algunas de las decisiones, de los proyectos, de los análisis, se basan:
- en datos,
- en números,
- en métricas.
En mis correos te comparto un consejo sobre toma de decisiones con datos.
- No me refiero a modelos de machine learning técnicos
- No me refiero a inteligencia artificial de moda
- No me refiero a matemáticas de profesor universitario con camisa de cuadros
Me refiero a ser práctico en tu trabajo. Con datos. No con opiniones.
Semana que no estás, consejo que te pierdes.
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